
Yo nací un día que Dios estubo enfermo...
Que ganas de morir en mi cama,
y ahogarme en un vaso con agua,
que ganas de morirme en una montaña,
y ser pisado como una araña,
¡Que ganas! ¡Que ganas!
Que ganas de tenerme vivo Señor,
que ganas de apretar tu puño de honor
y golpearme la vida sin pavor.
Señor tu que estas en los cielos,
donde está la misericordia,
donde están tus palabras,
¿Qué pretendes enseñarme?,
dejandome siempre solo en el camino,
descalzo pisando piedras filosas,
que me acaban día a día el alma,
y sin ni siquiera un poco de agua para beber,
Señor envía tu diluvio, soy el único que debe morir,
en mi camino solo he conocido un horizonte negro,
con arboles secos y cuervos que se dan vueltas,
esperando mi cuerpo caer, para acabarme más...
Señor, llevame ya de una vez,
¿Cuál es el propósito?
Si todas las puertas que abro,
me las tiras en la cara...
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!